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Atomium: el átomo más grande del mundo

Hay una ciudad que tiene la mejor cerveza, los wafles más increíbles y también el átomo más grande del mundo. Esto basta para elegir a Bruselas, como próximo destino.

Se acercaba noviembre y con él mi cumpleaños. Creo que Lester captó mis continuas indirectas acerca de las inmensas ganas que yo tenía de conocer Bruselas, entonces me sorprendió con dos boletos de avión para un fin de semana largo en Bélgica.   

Bruselas no solo es la ciudad donde se encuentra el átomo más grande del mundo, es también la cuna de Hergè, el padre creador de mi amado Tintín- de Las Aventuras de Tintín y Milú-. ¡Yo crecí leyendo esas historietas!  

Las Aventuras de Tintín y Milú

El llegar al Aeropuerto de Bruselas y ser recibida con una a replica del Cohete de Aterrizaje en la Luna (cosa que solo un tintinofilo como yo  reconocería) me convenció de que habíamos elegido el lugar correcto para pasar unos días muy especiales.  

Desde antes de llegar teníamos ya un cronograma en mente: ver el particular reloj de Carillon Mont Des Arts; el Museo Royal de las Ciencias Naturales donde hay fósiles impresionantes de dinosaurios y la Gran Plaza, considerada la plaza más linda del mundo. 

Fui perseguida por un Tiranosaurio Rex 

Deberíamos pasar enfrente del Manneken Pix para tratar para tratar de entender por qué es tan famoso, si es solo un niño haciendo pipi; y visitar el Parlamento Europeo, donde se toman las decisiones más importantes del viejo continente.

Para Lester fue muy significativo conocer l Parlamento Europeo

Entre todo el elenco de cosas por hacer, el sitio más sonado continuaba a ser el Atomium: el átomo más grande del mundo.  Para explicarme mejor, imagina que el Atomium es para Bruselas lo mismo que la Torre Eiffel es para París.  

En Bélgica los idiomas oficiales son inglés y francés, pero me impresionó la cantidad de personas en la calle que hablaban italiano.   

Una experiencia a Gran Escala  

Nosotros nos estábamos alojando el Hotel Retro, a menos de 15 minutos del centro de la ciudad y a unos 40 minutos en Metro del tan nombrado Atomium, dirección Heysel, usando la línea 6.

Al llegar, caminamos aproximadamente 5 minutos y desde lejos se desdibujaban nueve enormes esferas de acero, de 18 metros de diámetro cada una. Y si… era un átomo, pero un átomo unos 165.000 millones de veces más grande de los que conocimos en los laboratorios de nuestras escuelas.  

Noviembre, 2019, Bruselas

La entrada al Atomium cuesta 15 euros, pero con el descuento de nuestras Brussel Cards  (que, por cierto, recomendamos) pagamos solo 12 euros cada uno.    

La primera parada del elevador fue en la esfera más alta, que hoy por hoy, funciona como mirador. El otoño les regaló a nuestros ojos un panorama inolvidable desde las aturas, con una visión 360 grados

Desde aquí podíamos ver Mini Europe, otro atractivo turístico bastante conocido.  Como hacia frio nosotros decidimos evitar actividades prolongadas al aire abierto y no lo visitamos. Pero te confirmo que ambas atracciones pueden recorrerse en un mismo día. 

El otoño nos regaló una vista encantadora 

Viajemos en el tiempo

El Atomium fue construido en 1958 con ocasión de la Feria Mundial que ese año se celebraría en Bruselas. Inicialmente se trataba solo de una exposición temporal, pero rápidamente se convirtió en un sitio turístico y se decidió mantenerlo.   

Fue la primera exposición mundial importante después de la Segunda Guerra Mundial. Con su tema dedicado al progreso y la humanidad, un llamado a la paz mundial y al avance económico y social. Más de 41 millones de personas visitaron la exposición.

Feria Mundial, 1958

Participaron 48 países – Incluido Venezuela-. Pero lo más destacado en este evento fue la tensión evidente entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que utilizaron sus respectivos pabellones para promover sus regímenes políticos.

Un dato curioso es que las esferas del Atomium, hacían alusión al uso pacífico de la energía nuclear, precisamente uno de los temas más candentes en el mundo de aquella época, dividido entre los pro-nucleares y los anti-nucleares.

Participaron 48 países

Un átomo desde adentro

Cuando finalizamos nuestro tiempo en el mirador, comenzamos el recorrido a través de las demás esferas de este enorme átomo. Es aquí donde se encuentran las distintas exposiciones, permanentes y temporáneas, que documentan la creación, construcción y otras curiosidades en torno a esta desafiante obra.  

No sabemos si es porque en el mismo viaje tuvimos también la oportunidad de visitar el “Parlamentarium”, el museo del Parlamento europeo, que nos pareció B-R-U-T-A-L, pero Lester y yo consideramos el museo del Atomium, podría actualizarse un poco y ser aún más interactivo.    

Sin embargo, hubo dos cosas que nos gustaron muchísimo. La primera fue poder imprimir un billete de euro personalizado con el Atomium y llevárnoslo como souvenir, lamentablemente es de valor 0, sino hubiésemos impreso en cantidades industriales, tipo La Casa de Papel. 

Un euro del Atomium

La segunda cosa que nos cautivo fue el particular camino hacia la salida. Se trata de unas escaleras mecánicas, a través de un túnel de luces de neón que crean una ilusión óptica donde no sabes si estás subiendo o estás bajando.  

Nos gustó tanto que volvimos a subir solo para bajar nuevamente a través de este misterioso camino que nos hizo sentir dentro de la película Volviendo al Futuro  

La mejor obra  

Creo que nuestra parte favorita del día fue cuando salimos del Atomium, compramos dos chocolates calientes y comenzamos a caminar en el parque Des Osseghem, que queda justamente enfrente. 

Parque Des Osseghem

Daba la impresión de estar viendo todo a través de una pantalla a full color en calidad 4K. Nos topamos con una laguna con patos que parecían dibujados con pincel. Los colores marrones, naranjas y verdes de los árboles eran saturados y vivaces. Todo esto nos sirvió de locación para tomar fotos espectaculares.   

Nos divertimos mucho, jugando con la cámara fotográfica en diferentes perspectivas. Colocar el lente en la posición justa, lograba el efecto de hacer ver que teníamos al átomo gigante en las palmas de nuestras manos.  

Pasé un cumpleaños inolvidable en Bruselas 

Estar ahí también nos hizo pensar que definitivamente el hombre puede hacer cosas increíbles como el Atomium: el átomo más grande del mundo, pero el premio al mejor arquitecto se lo sigue ganando Dios.   

Esta y otras experiencias que luego te contaré incluyen a Bruselas en mi top de ciudades preferidas, junto a Roma, Palermo y Madrid.  

Bruselas huele a chocolate por doquier, es una ciudad romántica, acogedora y dulce, ideal para un viaje inolvidable en pareja. Nunca olvidaremos el día en que todos nuestros átomos estuvieron dentro de un átomo gigante. 

¿Qué lugar en Bruselas te gustaría conocer?